Esta es una historia a ser contada en varias partes. Les dejo la primera.
Es una palabra que asusta al oírla y no es para menos…..NEUMONÍA…eso es lo que tengo.
Los días se me hacen largos y perezosos, estoy en casa casi sin salir desde el 18 de octubre.
Primero empezó Sergio con fiebre, fiebre de 40, un niño sano que nunca se enferma y de repente “la gripe”, si gripe a secas, ni A, ni B, ni nada, aunque la pediatra aseguraba que era la “A” por el simple hecho de ser la que está dando a todo el mundo. Así estuvo el pobre sudando y sin ánimos durante 4 días. Durante esos días de fiebre lo dejé dormir en mi cama para controlarlo durante la noche y mandé a Enrique a la otra habitación (menos mal). Ya el jueves Sergio estaba bien pero no lo envié al cole por 1 día que quedaba.
Tres días después de comenzar Sergio, empieza Sara con vómitos y fiebre de 40, pero sólo le dura 2 días. El mismo diagnóstico por parte de la pediatra, excepto que le agrega un spray para abrir los bronquios. Puede que incluso tardara más en desaparecer sus síntomas pero yo ya había caído y no recuerdo ni el caso que le hice a la pobre.
Miércoles 21 de octubre comienzo a toser sin parar, tos seca e irritativa. Jueves 22 me duele el cuerpo, especialmente el pecho y la espalda y lo achaco a tanto toser. Viernes 23, cumpleaños de mi princesa (ni siquiera pude celebrárselo) sólo le dimos su regalo y ni un pastel pude ir a comprar. Ese día me siento mareada y sin muchos ánimos. Enrique regresa pronto del trabajo y decidimos ir un rato al parque para que los niños se distraigan un poco y salgan de la casa…..mala decisión….hace frío pero los niños se lo pasan bien, sobre todo Sergio que tenía una semana sin salir de casa.
Viernes 23 en la noche, paso la noche con vómitos y fiebre de 39,5-40. El sábado 24 amanezco débil y sin ganas de comer, decido quedarme en mi cama y dormir un poco. A las 4 de la tarde y sin haber probado ni el agua decidimos ir a urgencias. El centro médico parece un desierto, sólo hay 3 empleados y uno es médico. Este señor lo primero que hace es buscar una mascarilla para él y otra para mí y me dice “no debe andar por ahí sin mascarilla, venga siéntese aquí”.
- Qué le pasa?
- Me encuentro débil, sin fuerzas y no paro de toser
- Tiene fiebre?
- Si
- Por qué respira con dificultad?
- No lo sé, usted es el médico dígamelo.
- Bueno pues tómese paracetamol cada 8 h, ibuprofeno cada 12 y acetilcisteína cada 8h. Hágase una sopa de pollo y tómese un vaso de leche caliente con miel. Si en unas horas no mejora vaya al hospital.
Así fue la conversación, no me auscultó ni siquiera se acercó a mí más que para darme la mascarilla.
Domingo 25, he pasado toda la noche tosiendo, con fiebre. Amanezco cada vez más débil, intento tomar un vaso de leche caliente con miel (es lo único que me entra en el estómago). Enrique pide comida china que a los niños les encanta y yo como un poco de caldo de pollo que no sé ni cómo lo preparé la noche anterior. A las 3 de la tarde y viendo que la fiebre no cedía mucho y que la debilidad era mayor decidimos ir a urgencias del hospital. Vuelvo a ponerme la mascarilla, en el hospital me hacen seguir la línea amarilla que baja unas escaleras – pienso…cómo coño voy a bajar estas escaleras sin caerme? pues las bajo y sigo la dichosa línea amarilla.
- Siéntese, me toman la temperatura y me hacen algunas preguntas. Qué le pasa, tiene alguna enfermedad crónica, está embarazada.
- No tiene fiebre, aquí no la podemos atender, vaya a éste otro centro.
- No me puede dar algo para que me quite esta debilidad?
- No, vaya usted a éste otro centro, allí la atenderán.
Vuelvo a recorrer la línea amarilla y busco la salida. Le digo a Enrique vamos a este otro lugar. Llegamos allí y había al menos 60 personas en la sala, no había dónde sentarse y me siento en el suelo de la antesala (al menos aquí se puede respirar). Le digo a Enrique que se lleve a los niños a merendar mientras yo espero…espero y sigo esperando. En total estuve 2 horas y media esperando y no había señales de que me llamaran ya que seguí habiendo más o menos la misma gente, así que nos marchamos antes de que los niño recayeran.
El lunes 26 envío a los niños al colegio y pido que los dejen a comer hasta nuevo aviso, yo soy incapaz de buscarlos a mediodía y de prepararles la comida. Sigo el tratamiento y hago grandes esfuerzos por intentar comer, sólo me apetece comer naranjas, no me entra nada más.
El martes 27 voy a mi médico de cabecera, pero está colapsada y me atiende otra doctora. Muy amable me ausculta y me toma la temperatura, sigo con fiebre 39. Me dice que debo tranquilizarme, que estoy muy nerviosa y al igual que obligo a los niños a comer cuando están enfermos debo hacerlo conmigo. Al auscultarme observa que ventilo bien pero mejor me manda el spray para abrir los bronquios. Vaya a casa y siga el tratamiento y sobre todo tranquilidad.
Pues será eso, estoy nerviosa y debo obligarme a comer…..seguiré el tratamiento….
En medio de tanto virus, toses y debilidades aparece un ángel…si mi amiga Aurora que asume la responsabilidad de buscar a mis niños cada tarde al cole y traerlos a casa, aún a riesgo de contagiarse ella o peor aún Ángela......
Los días se me hacen largos y perezosos, estoy en casa casi sin salir desde el 18 de octubre.
Primero empezó Sergio con fiebre, fiebre de 40, un niño sano que nunca se enferma y de repente “la gripe”, si gripe a secas, ni A, ni B, ni nada, aunque la pediatra aseguraba que era la “A” por el simple hecho de ser la que está dando a todo el mundo. Así estuvo el pobre sudando y sin ánimos durante 4 días. Durante esos días de fiebre lo dejé dormir en mi cama para controlarlo durante la noche y mandé a Enrique a la otra habitación (menos mal). Ya el jueves Sergio estaba bien pero no lo envié al cole por 1 día que quedaba.
Tres días después de comenzar Sergio, empieza Sara con vómitos y fiebre de 40, pero sólo le dura 2 días. El mismo diagnóstico por parte de la pediatra, excepto que le agrega un spray para abrir los bronquios. Puede que incluso tardara más en desaparecer sus síntomas pero yo ya había caído y no recuerdo ni el caso que le hice a la pobre.
Miércoles 21 de octubre comienzo a toser sin parar, tos seca e irritativa. Jueves 22 me duele el cuerpo, especialmente el pecho y la espalda y lo achaco a tanto toser. Viernes 23, cumpleaños de mi princesa (ni siquiera pude celebrárselo) sólo le dimos su regalo y ni un pastel pude ir a comprar. Ese día me siento mareada y sin muchos ánimos. Enrique regresa pronto del trabajo y decidimos ir un rato al parque para que los niños se distraigan un poco y salgan de la casa…..mala decisión….hace frío pero los niños se lo pasan bien, sobre todo Sergio que tenía una semana sin salir de casa.
Viernes 23 en la noche, paso la noche con vómitos y fiebre de 39,5-40. El sábado 24 amanezco débil y sin ganas de comer, decido quedarme en mi cama y dormir un poco. A las 4 de la tarde y sin haber probado ni el agua decidimos ir a urgencias. El centro médico parece un desierto, sólo hay 3 empleados y uno es médico. Este señor lo primero que hace es buscar una mascarilla para él y otra para mí y me dice “no debe andar por ahí sin mascarilla, venga siéntese aquí”.
- Qué le pasa?
- Me encuentro débil, sin fuerzas y no paro de toser
- Tiene fiebre?
- Si
- Por qué respira con dificultad?
- No lo sé, usted es el médico dígamelo.
- Bueno pues tómese paracetamol cada 8 h, ibuprofeno cada 12 y acetilcisteína cada 8h. Hágase una sopa de pollo y tómese un vaso de leche caliente con miel. Si en unas horas no mejora vaya al hospital.
Así fue la conversación, no me auscultó ni siquiera se acercó a mí más que para darme la mascarilla.
Domingo 25, he pasado toda la noche tosiendo, con fiebre. Amanezco cada vez más débil, intento tomar un vaso de leche caliente con miel (es lo único que me entra en el estómago). Enrique pide comida china que a los niños les encanta y yo como un poco de caldo de pollo que no sé ni cómo lo preparé la noche anterior. A las 3 de la tarde y viendo que la fiebre no cedía mucho y que la debilidad era mayor decidimos ir a urgencias del hospital. Vuelvo a ponerme la mascarilla, en el hospital me hacen seguir la línea amarilla que baja unas escaleras – pienso…cómo coño voy a bajar estas escaleras sin caerme? pues las bajo y sigo la dichosa línea amarilla.
- Siéntese, me toman la temperatura y me hacen algunas preguntas. Qué le pasa, tiene alguna enfermedad crónica, está embarazada.
- No tiene fiebre, aquí no la podemos atender, vaya a éste otro centro.
- No me puede dar algo para que me quite esta debilidad?
- No, vaya usted a éste otro centro, allí la atenderán.
Vuelvo a recorrer la línea amarilla y busco la salida. Le digo a Enrique vamos a este otro lugar. Llegamos allí y había al menos 60 personas en la sala, no había dónde sentarse y me siento en el suelo de la antesala (al menos aquí se puede respirar). Le digo a Enrique que se lleve a los niños a merendar mientras yo espero…espero y sigo esperando. En total estuve 2 horas y media esperando y no había señales de que me llamaran ya que seguí habiendo más o menos la misma gente, así que nos marchamos antes de que los niño recayeran.
El lunes 26 envío a los niños al colegio y pido que los dejen a comer hasta nuevo aviso, yo soy incapaz de buscarlos a mediodía y de prepararles la comida. Sigo el tratamiento y hago grandes esfuerzos por intentar comer, sólo me apetece comer naranjas, no me entra nada más.
El martes 27 voy a mi médico de cabecera, pero está colapsada y me atiende otra doctora. Muy amable me ausculta y me toma la temperatura, sigo con fiebre 39. Me dice que debo tranquilizarme, que estoy muy nerviosa y al igual que obligo a los niños a comer cuando están enfermos debo hacerlo conmigo. Al auscultarme observa que ventilo bien pero mejor me manda el spray para abrir los bronquios. Vaya a casa y siga el tratamiento y sobre todo tranquilidad.
Pues será eso, estoy nerviosa y debo obligarme a comer…..seguiré el tratamiento….
En medio de tanto virus, toses y debilidades aparece un ángel…si mi amiga Aurora que asume la responsabilidad de buscar a mis niños cada tarde al cole y traerlos a casa, aún a riesgo de contagiarse ella o peor aún Ángela......




1 comentarios:
Lo siento mucho cielo, espero que estés mejor. besines
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